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Renny

Diseñador Gráfico
Renny ha escrito 4 entradas para Mentes Urbanas

Comprar, botar, comprar

Días atrás haciendo zapping caí en Venezolana de Televisión. Eran las 11 de la noche, hora del programa La Hojilla de Mario Silva, que ese día no se transmitió. Para mi sorpresa colocaron un documental que me dejó enganchado.

No trataba sobre comunismo, Cuba o alguna campaña a favor de Chávez. El documental hablaba del nacimiento del modelo económico actual: consumismo y la obsolescencia programada impuesto por EEUU en los años 50, producto de la Gran Depresión.

En este sentido, la obsolescencia programada es la determinación, planificación o programación del fin de la vida útil de un producto o servicio de modo que este se torne obsoleto, inútil o inservible tras un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante.

Un ejemplo de esto se evidencia cuando uno de los aparatos electrónicos  de nuestro hogar falla y lo llevamos a reparar. En el servicio técnico nos dicen que es más rentable comprarse uno nuevo que arreglarlo. De esta manera, optamos por desechar el aparato y adquirimos uno más moderno.

El problema está en la gran cantidad de residuos que se originan al realizarse este fenómeno una y otra vez, en todo el mundo; ya que los productos que pasan a ser obsoletos se convierten en agentes contaminantes.

Al parecer a las empresas solo les interesa obtener dinero de forma rápida y constante, sin preocuparse por mantener un sistema de producción que no afecte directamente a la naturaleza;  y más aún en estos tiempos donde la tierra nos advierte que la estamos llevando al límite.

Este documental fue realizado por Arte Televisión Española – Arte France – Televisión de Cataluña, TVE (Televisora Española).

Aqui les dejo el Video (52 min)

El gran dictador

El gran dictador” es una película estadounidense de 1940 dirigida, escrita y protagonizada por Charles Chaplin. Es una sátira del fascismo y en particular del nacionalismo de Adolfo Hitler. En una de las escenas un barbero judío da un discurso tras ser confundido con Hitler. El contenido de este discurso se asemeja a lo que vivimos actualmente en el país.

Transcripción del Discurso:

“Lo siento, pero yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio, no quiero gobernar ni conquistar a nadie, sino ayudar a todos si fuera posible. Judíos y gentiles blancos o negros. Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacernos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos, la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las miserias y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado, sentimos muy poco. Más que máquinas necesitamos humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros. Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, a millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes. A los que puedan oírme, les digo: no desesperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará y caerán los dictadores, y el poder que se le quitó al pueblo se le reintegrará al pueblo, y, así, mientras el Hombre exista, la libertad no perecerá. Soldados, no os rindáis a eso que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen qué tenéis que hacer, qué decir y qué sentir. Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como a carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquina, con cerebros y corazones de máquina. Vosotros no sois máquinas, no sois ganado, sois Hombres. Lleváis el amor de la Humanidad en vuestros corazones, no el odio. Sólo los que no aman odian, los que no aman y los inhumanos. Soldados, no luchéis por la esclavitud, sino por la libertad. En el capítulo 17 de San Lucas se lee: “El Reino de Dios no está en un hombre, ni en un grupo de hombres, sino en todos los hombres…” En Vosotros, vosotros el pueblo tenéis el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad, vosotros el pueblo tenéis el poder de hacer esta vida libre y hermosa de convertirla en una maravillosa aventura. En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres trabajo, y de a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Con la promesa de esas cosas, las fieras alcanzaron al poder. Pero mintieron; no han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer nosotros realidad lo prometido. Todos a luchar para liberar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia. Luchemos por el mundo de la razón. Un mundo donde la ciencia, donde el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad. Soldados, en nombre de la democracia, debemos unirnos todos.”

¿Venezolanos conformistas o con miedo?

Vivimos en un país donde el más vivo es aplaudido. Comerse un semáforo, transitar por el hombrillo, colearse… son sólo algunos ejemplos. Lo más lamentable es que todos sufrimos esa “enfermedad”. Y sino que tire la primera piedra el que no sepa de que estoy hablando.

¿A dónde quiero llegar con esto? Pues simple, quiero que nos demos cuenta de algo que pasa a cada segundo en este país y nunca hacemos algo por remediarlo.

El momento cuando no recibimos un buen servicio o atención en algún lugar, público o privado, pareciera que pagamos por callar y no para recibir lo que merecemos.

Últimamente he pensado que no es por conformismo, sino por miedo. Miedo de la reacción de los gerentes, miedo a la violencia que el reclamo significa, miedo a ser juzgados por los demás. Debemos exigir lo que por derecho nos corresponde. Y allí encontraremos el cambio.

Pagamos precios altísimos para poder divertirnos. Ir al cine, al teatro o simplemente a comer se ha convertido en un lujo ¿por qué no exigir un buen trato de los empleados o la gerencia? ¿Por qué nos conformamos con una mala comida y una mala atención? Las empresas no son nada sin los clientes. Las empresas necesitan de nuestra queja para mejorar. En cuanto a los entes públicos, pagamos impuestos y tenemos infraestructuras en ruinas y malos servicios.

Ejemplos miles. Los hospitales con infraestructuras viejas y sin materiales médicos; los bancos con grandes colas y sólo 2 cajeros; el cine con colas interminables para las cotufas (que ahora son impuestas por la empresa al comprar la entrada) y sólo 2 taquillas abiertas; los estacionamientos con el nuevo sistema de parking, que obliga al cliente a pagar para que un desconocio le estacione su carro. Creo que podría estar días en esto…

Todo esto ha empeorado en los últimos años. Los cambios políticos y sociales que hemos tenido que enfrentar, nos han convertido en una sociedad violenta, amargada y conformista. 52 años de malos gobernantes han cambiado el rumbo de nuestra vida. Y más aún, después de doce años de un gobierno que ha dividido al país a su máxima expresión.

¿Cuándo será el día en que dejemos de ser vivos y comencemos a ser arrechos para reclamar nuestros derechos?

A la hora de ser vivos somos los reyes, pero a la hora de reclamar no.

Renny Ortiz

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Busco una vía de expresión para los diferentes problemas políticos-sociales-ambientales que acontecen actualmente en nuestro país. Quiero tu opinión sin importar tu creencia política o religiosa.

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